Se ha terminado. Compré esta cajita en Santiago hace tiempo y finalmente queda un sobre, el cual desaparecerá después de publicar este post.
Esta es una opción básica, rápida y económica por si quieres probar chai pero no estás segur@.
Anímate.
Yo propongo:
1. Si lo prefieres con leche, disuélvelo primero en poca agua caliente.
2. Azúcar mascabado o miel para endulzar.
¡Que aproveche!
viernes, 21 de febrero de 2014
The last cup | Hornimans Tea Shop Té Chai
Coffee-break: David Rio Tiger Spice Chai®... Mi té chai.
Cuando no me apetece tomar un café, sea por el tiempo, sea por el ánimo,
sea porque el momento o el sistema inmunológico no lo permitan, el té chai es
mi primera opción. Es mi té favorito por su peculiar conjunto de especias, por
su armonía posible con la leche y por la dulzura que permite. Para mí, un té
chai es una conciliación, la perfecta combinación entre lo exótico de Oriente y
lo clásico de Occidente; podrás considerarlo una exageración pero, ahora que me
siento a escribir, pienso en la época los navegantes ingleses que iban y venían
de India... En una primera reflexión, a lo mejor proviene de ahí...
En esta ocasión me limitaré a hablar sobre el producto presentado en la
fotografía más abajo: "chai - Tiger Spice" por David Rio San Francisco. Es mi
opción predilecta; en mi último viaje a México me encontré con su gama de té
chai en el supermercado... me lancé a los sobres individuales -el azul Elephant
Vainilla Chai y el naranja Tiger Spice- y no los solté hasta que pude probarlos
en casa. Por cuestiones técnicas no probé el de vainilla pero ya lo tengo en mi
lista de pendientes... Bueno, a los días fui por el bote de Tiger Spice de 398
g para traerlo conmigo a Santiago, disfrutando y lamentando el proceso de
terminarlo porque, tengo entendido, no lo venden aquí.
Sé de buena fuente que ésta es una marca recurrente en las barras de café
que ofrecen chai en sus menús e, incluso escuché varios comentarios sobre lo
delicioso de esta bebida. Y, evidentemente, no podía evitar lanzar un
comentario al respecto.
Espero compartirles próximamente una receta casera para preparar té chai
-con y sin leche- pensando en todos aquellos que no conocen esta bebida o bien,
simplemente quieren prepararlo en casa... Así que mantente alerta.
La pregunta del millón...
¿Qué es el T é C h a i?
Originario de India, se trata básicamente de una bebida elaborada a base de
té negro o té verde que incluye cardamomo, clavo de olor, anís, canela,
pimienta negra y jengibre. Puede prepararse con agua o leche, frío o caliente,
e incluir vainilla, café, manzana o mango, en fin, varios añadidos.
D a v i d R i o S a n F r a n c i s c o C h a i T e a
Según la página oficial www.davidrio.com, todo comenzó en Japón con una línea de accesorios especiales para té y café; entre ellos, se encontraba el Elephant Vanilla, primeramente pensado para la tierra del sol naciente, actualmente distribuido en E.U.A., Singapur, Corea del Sur, Australia, México, Alemania, Escandinavia, Filipinas, Arabia Saudita, Japón, Guatemala, Guam, Canadá y Costa Rica.
Cabe añadir que David Rio posee una variedad interesante en un mercado tan
competitivo como el de los tés y las bebidas instantáneas. Ahora, según los
comentarios que he leído en distintas fuentes como Amazon o About.com (Food > Coffeetea), no hay comparación. Además de los
tradicionales Tiger Spice y Elephant Vanilla,
ofrece Orca Spice Sugar-Free Chai™, Flamingo
Vanilla Decaf Sugar-Free Chai™, Toucan Mango Chai™, Tortoise
Green Tea Chai™, Giraffe Decaf Chai™ e
incluye las recientes Maple Moose Chai™y Power Chai® (dairy-free). Checa la página para que puedas encontrar
una opción correspondiente con tu paladar.
D a v i d R i o T i g e r S p i c e C h a i ®
| Foto: Pre y pos chai Tiger Spice. Love it. |
El interior del bote… Cuidado. Uno, porque al retirar el aluminio y la
tapadera del bote saldrá algo del polvo. Dos, porque huele sensacional.
Esta bebida es lo que proclama; sin embargo, hay algunos contras a
destacar.
- P r o s -
En efecto, ya sea que utilices leche o agua, la bebida se mantiene dulce,
cremosa, y resulta fácil identificar los distintos sabores que componen la
mezcla. Además de su textura, destaca una sensación particular que de momento
sólo puedo definir como “spicy”, por
no sonar muy redundante, aparte de ser la segunda palabra que se me viene a la
cabeza cuando lo pruebo… La primera es “yum”.
- C o n t r a s -
Una gran desventaja es la cantidad de producto necesaria para dar con el
sabor deseado. Las instrucciones sugieren 3 cucharadas soperas por cada taza
estándar, lo cual agota el producto rápidamente. Por otro lado, tarda en
disolverse y pueden quedar sedimentos; una pena.
Finalmente, una gran desventaja para mí es que sólo un país de la UE posee
el privilegio de ser distribuidora… uno en el cual no vivo. El día en que David
Rio Chai Tea y yo coincidamos en España o Portugal, no daré cuenta de mi
auto-control.
S u g e r e n c i a s
| Foto: Chai y pan dulce casero |
Antes de nada, cuando quieras prepararte un té chai de David Rio asegúrate
de utilizar una cuchara totalmente seca para mezclar el polvo dentro del bote
porque los granitos parecen separarse entre los más oscuros, los más claros y
los casi semi-transparentes. Lamento no haber tomado una foto de esto.
Cuando calientes la leche, vigílala. La nata –la capita- puede atrapar algo
del polvo y será muy difícil de disolver después.
Si quieres tomar menos de una taza estándar (por ejemplo, una de no más de
5 cm de alto), calcula la mitad del preparado, es decir, 1 ½ cucharada,
pruébalo, y si lo crees necesario, agrega media cucharada más.
Como ya lo comentaba al principio de este post, esta es una buena opción para esos días en que café no parece
la mejor opción. Personalmente, y tal vez cayendo un poco en el cliché, me preparo un chai cuando planeo
trabajar por la mañana en casa o en las tardes cuando hace frío, llueve y me
apetece algo acogedor. De hecho, supongo que eso es el chai para mí: un té
acogedor. Cosa rara porque creo ser la única de mi familia que lo consume con
tanta frecuencia… o que lo consume, simplemente. Tampoco mis amigos en Santiago
suelen tomarlo; es más, me pregunto si lo conocen. No es tan común aunque hay
un bar-restaurante, Hervor & Fervor, donde la variedad de tés es increíble
y el chai ocupa un sitio bien merecido… Sí, sí, preveo una visita-post. ;)
Recomiendo acompañar tu chai –principalmente el David Rio- con un postre no
muy dulce. Galletas de vainilla, muffins o cupcakes de plátano o blueberry,
besitos de nuez, quizá, ¡a lo mucho!
Gente, me despido por ahora. Estoy muy atrasada con los posts pero he experimentado varias
novedades que me urge compartir. Si alguien tiene alguna recomendación sobre
marcas de café o té, alguna solicitud de receta u opinión sobre una película o
libro, à vontade!
Creo que el siguiente post será
sobre una receta casera para chai… Veremos.
¡Que aproveche!
Fuentes:
David Rio: http://www.davidrio.com/
Wikipedia: Masala chai.
sábado, 18 de enero de 2014
Destinos cafetaleros | En la antigua ciudad de Valladolid hoy Morelia...
Destino: Morelia, Mich., México.
Diciembre-enero, 2013.
Diciembre-enero, 2013.
| Morelia, 2014. |
Recientemente tuve la oportunidad de visitar mi tierra por unas semanas y una de las primeras cosas que hice fue visitar una de mis cafeterías favoritas en Morelia, Michoacán: Café Europa. Desafortunadamente, ese primer café no fue lo que tanto extrañaba (en esta materia) y debo confesar que me llevó un tiempo-dinero encontrarme con "el latté" ideal para mí. En el proceso, me encontré con buenos y malos cafés pero más que criticar uno u otro sitio, quiero compartir con ustedes las buenas experiencias que tuve, esperando ser de ayuda para quien visite estos lugares.
México como destino cafetalero
El café llegó al suelo mexicano en el año de 1709, comenzando por la costa del Golfo (Veracruz y Oaxaca), expandiéndose hacia Morelos y Michoacán, y produciéndose actualmente con un gran éxito y sabor en la zona centro-sur del país. Debido a la divulgación en un mejor consumo del café alrededor del mundo, México, como productor, no se ha permitido el quedarse atrás y desde una toma de consciencia posterior al fenómeno Starbucks® del 2002, ha procurado mantener el sello
artesanal, antiguo, rústico, si quieren, tan característico del país,
mientras le sigue el paso -con lupa- a las más modernas técnicas de
preparar, presentar, promocionar y vender café. Según el artículo de Arturo Hernández Fujigaki de Café Etrusca, "A la llegada de Starbucks® a México, el concepto de Barra de Café Gourmet
ya estaba bien establecido y exitoso en las principales ciudades del país como:
el Distrito Federal, Guadalajara, Tijuana y Puebla. Para 1994 el consumo per
cápita de café entre los mexicanos se calculaba en 0.5 kilos. Hoy en día, según
datos de la Asociación Mexicana de la Cadena Productiva del Café (Amecafe), se
habla de un consumo per cápita de 1.2 kilogramos. Este aumento de consumo, se
puede decir, se deben en forma importante a las barras de café, ya que ninguna
otra parte del sector o el gobierno han efectuado ninguna campaña o esfuerzo en
éste sentido" (Consumo de café en México y el papel de las cafeterías -editado).
Leyendo esto, pudiéramos esperar que cualquier barra de café con mezclas mexicanas será de fiar; sin embargo, aunque todo dependa del gusto de cada quién, es verdad que el incremento en la divulgación y ofertas dedicadas a dicho arte ha provocado un exceso de confianza en algunos lugares. Esto es, no por tratarse de café mexicano de altura, por ejemplo, debe descuidarse la técnica, ni el buen renombre de una cafetería garantiza que quien prepare el capuccino, latté o macchiato sepa realmente de qué va la cuestión. Cada mezcla, taza y cliente requieren de un trato especial.
Como clientes, hay que arriesgarse, experimentar y dejarse sorprender. A continuación les comparto unos granitos de lo que viví en Morelia, Michoacán, con la intención de dedicar otra sección a la Ciudad de México y, próximamente, a Hermosillo, Sonora, esperando también que tú, lector, me compartas tu opinión, sugerencia y/o experiencia en los comentarios.
Morelia, Michoacán
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| Aunque no han cambiado el envase -que sería bueno-, el "Km118" ha perfeccionado el sabor. Delicioso. |
Café Km 118. Este lugar merece una entrada única pues su evolución ha sido por demás sobresaliente. Empezó como un pequeño café junto a una gasolinera en el km 118 de la autopista Atlacomulco-Morelia. Cuando era más joven, mi familia y yo hacíamos viajes recurrentes desde la Ciudad de México hasta la capital michoacana y todavía recuerdo el pequeño establecimiento blanco, cuadradito, con azúcar normal o endulzante, un frasquito de canela muy coqueto y el café en vasos térmicos de unicel. Hoy en día... échale un vistazo a las fotos en Foursquare... Thumbs up! Lo más destacable es la preservación de la calidad. Comida deliciosa, gran variedad en su menú, empleados amables, instalaciones limpias y luminosas... y, sobre todo, un buen café. Según el chef en turno nocturno, el café utilizado es una mezcla de Chiapas y Veracruz. El latté con doble carga que probé era fuerte con sabor "amadeirado". Bastante bueno, ideal para acompañar los cubiletes de elote o los corazones de queso. Totalmente recomendado.
Café Europa. Visita obligada. Trabajé por un breve tiempo en esta cafetería y renuncié justo cuando se introducía el concepto de "capuccino italiano". Aunque casi cada verano visité la ciudad de Morelia luego de mudarme a Hermosillo, Sonora (donde el café, en aquella altura, dejaba mucho que desear), y cada verano pedía mi latté o esta variedad de capuccino, debo decir que este invierno, me llevé más de una sorpresa. Las primeras dos veces, el latté me supo casi a café con leche español, en mayor cantidad. Era extraño... podría pensarse que era por la transición, luego de vivir en España más de un año, llegar al Europa y tal... Pero qué alegría me dio cuando probé un capuccino italiano en el centro comercial Galerías; yo estaba en una tienda y mi madre fue por un par de cafés (regla fundamental de vida). Al volver, probé la bebida con pocas expectativas y dos de mascabado (como probara los demás) y... era eso. Pasamos junto al local y cuán grande fue mi sorpresa de ver a una barista con quien trabajara hacía 5, 6 años en otra sucursal... Gracias, Claudia. A los días, fuimos al Café Europa de La Cabaña y, de nuevo, muy buen capuccino.
Sherbrooke coffee & tea. En principio, no debería incluir un café que luce una imagen extranjera (concretamente canadiense) pero el latté que probé lo merece, y más porque, según el chico que lo preparara, el grano utilizado es una mezcla de café oaxaqueño, veracruzano y chiapaneco. Cómo disfruté ese café: la leche en su punto, el café en su punto y el vaso térmico (de un diseño adorable) en mi mano. Sólo he ido una vez pero me quedé con ganas de volver... creo yo que es importante plantar esta sensación para cualquier negocio, principalmente en un mercado tan competitivo en cuanto al tema refiere.
Otros recomendados... Los siguientes cafés que voy a recomendar, no los visité esta última ocasión sino hace un par de años, poco más; sin embargo, sé por amigos que han crecido y que sus ofertas de café merecen una visita: el Café San José (con una mezcla de la casa muy buena) y Café La Lucha (con café principalmente michoacano, fuerte y a un precio justo), ambos en el centro histórico, buenas opciones para quienes den un paseo por la Catedral y la Avenida Madero, o bien, para quienes estudien Letras.
No recomendados... Con lo bueno, muchas veces viene lo malo y en este caso no hay excepción. Hay dos lugares a los cuales no recomiendo ir, al menos por café. El primero es el Lilian's Coffee cuyo café, cada año, cada día, cada bebida, me decepciona. El establecimiento es atractivo, los vasos térmicos son interesantes y la carta llama la atención pero nunca he conectado con el lugar. En esta última ocasión pedí un té chai y lo mismo... Nada especial, nada sobresaliente. Pregunté a conocidos y opinaron igual o peor que yo. Ojalá, algún día, cambien mi opinión.
La otra cafetería es un tanto pequeña cuyo nombre no encuentro por ningún lado ni recuerdo... pero así fue la experiencia. Con excepción de quien preparó el capuccino que pedí, los empleados estaban más preocupados por el móvil y el cotorreo que por dar un buen servicio. Gente, hay ocasión para todo. Entre dos personas espumaron la leche -mal-, el café estuvo minutos sin ser tocado luego de extraído -cuando debiera servirse en el momento- y quien me cobró, ya de mala actitud. El local se encuentra en Plaza Fiesta Camelinas; no son ni el Lilian's ni el Europa y con mayor razón, habría que ponerse las pilas y esforzarse por dar una buena presentación al lugar y una mejor atención al cliente.
Honestamente, pensé mucho en si añadir o no a los "No recomendados" porque no soy una experta en preparar café ni soy empleada de ninguna compañía. Sin embargo, hay detalles que no se pueden obviar y si algo he aprendido en los lugares que sí he trabajo, es que las buenas y las malas críticas ayudan a mejorar cuando se les prestan atención. El café es muy noble, sí, pero requiere de más que su sabor para salir al mundo. Por ello, pido que se le preste mayor cuidado. No sólo en su preparación sino en la presentación.
El barista es la imagen antropomórfica del café, es intermediario entre el grano, el agricultor y el cliente. Tomen más en serio este papel.
![]() |
| El "latté" que me hizo el día. |
Otros recomendados... Los siguientes cafés que voy a recomendar, no los visité esta última ocasión sino hace un par de años, poco más; sin embargo, sé por amigos que han crecido y que sus ofertas de café merecen una visita: el Café San José (con una mezcla de la casa muy buena) y Café La Lucha (con café principalmente michoacano, fuerte y a un precio justo), ambos en el centro histórico, buenas opciones para quienes den un paseo por la Catedral y la Avenida Madero, o bien, para quienes estudien Letras.
No recomendados... Con lo bueno, muchas veces viene lo malo y en este caso no hay excepción. Hay dos lugares a los cuales no recomiendo ir, al menos por café. El primero es el Lilian's Coffee cuyo café, cada año, cada día, cada bebida, me decepciona. El establecimiento es atractivo, los vasos térmicos son interesantes y la carta llama la atención pero nunca he conectado con el lugar. En esta última ocasión pedí un té chai y lo mismo... Nada especial, nada sobresaliente. Pregunté a conocidos y opinaron igual o peor que yo. Ojalá, algún día, cambien mi opinión.
La otra cafetería es un tanto pequeña cuyo nombre no encuentro por ningún lado ni recuerdo... pero así fue la experiencia. Con excepción de quien preparó el capuccino que pedí, los empleados estaban más preocupados por el móvil y el cotorreo que por dar un buen servicio. Gente, hay ocasión para todo. Entre dos personas espumaron la leche -mal-, el café estuvo minutos sin ser tocado luego de extraído -cuando debiera servirse en el momento- y quien me cobró, ya de mala actitud. El local se encuentra en Plaza Fiesta Camelinas; no son ni el Lilian's ni el Europa y con mayor razón, habría que ponerse las pilas y esforzarse por dar una buena presentación al lugar y una mejor atención al cliente.
Honestamente, pensé mucho en si añadir o no a los "No recomendados" porque no soy una experta en preparar café ni soy empleada de ninguna compañía. Sin embargo, hay detalles que no se pueden obviar y si algo he aprendido en los lugares que sí he trabajo, es que las buenas y las malas críticas ayudan a mejorar cuando se les prestan atención. El café es muy noble, sí, pero requiere de más que su sabor para salir al mundo. Por ello, pido que se le preste mayor cuidado. No sólo en su preparación sino en la presentación.
El barista es la imagen antropomórfica del café, es intermediario entre el grano, el agricultor y el cliente. Tomen más en serio este papel.
Contactos
Café Km 118
-Dirección: Autopista Atlacomulco-Morelia
-Tel.: (+52) 722 590 1871
-Facebook: https://www.facebook.com/CafeKm118
Café Europa
-Varias sucursales
-Página oficial: http://www.cafeeuropa.com.mx/
-Facebook: https://www.facebook.com/CafeEuropaMx?fref=ts
Café Km 118
-Dirección: Autopista Atlacomulco-Morelia
-Tel.: (+52) 722 590 1871
-Facebook: https://www.facebook.com/CafeKm118
Café Europa
-Varias sucursales
-Página oficial: http://www.cafeeuropa.com.mx/
-Facebook: https://www.facebook.com/CafeEuropaMx?fref=ts
Sherbrooke coffee & tea
-Varias sucursales
-Página oficial: http://www.sherbrooke.com.mx/sherbrooke
Café San José
Dirección: Fray Bartolomé de las Casas, 181, Centro
-Tel.: (+52) 443 313 5430
Café La Lucha
-Varias sucursales
-Página oficial: http://www.cafelalucha.com.mx/
Lilian's Coffees
-Varias sucursales
-Página oficial: http://www.lilianscoffees.com/
sábado, 7 de diciembre de 2013
Granitos | Buen café americano en Santiago de Compostela
Suena extraño, ¿verdad? Sí, sí, puedes leer el título otra vez, es cierto: buen café americano en Santiago de Compostela, Galicia... España... Así es, buen café estilo americano.
Les cuento: Hace unas semanas fui a este lugar llamado "Cervecería 100 Montaditos" en busca del platillo típico del lugar. Un montadito, para quienes no lo saben, es como un mini-bocadillo y la particularidad de este lugar es que se especializa en la materia... ¡Hay de todo! Mi favorito es uno con salmón, queso crema y algo más (el número 77 creo o 78...) pero todos se ven deliciosos. Ofrecen otro tipo de alimentos, la mayoría salados, e incluso tienen una variedad de montaditos dulces, con chocolate, chispitas, nata montada, m&m, oreo... ¿A que suena bien?
Bueno, pues en un lugar así fue que encontré, by far, el mejor café americano que he probado en Santiago, y vaya que he probado una cantidad considerable. La historia comienza así: Ese día tuve un día largo, hice varias cosas, corrí mucho y hacía frío así que, en vez de pedir un refresco, agua o cerveza para acompañar mi selección de montaditos, pedí a la chica un café "sólo largo". "¿Americano?" preguntó y pensé «bien, alguien que sabe»; asentí y presté atención a cómo preparaba mi bebida. Voy a ser muy sincera: desde el año pasado me acostumbré a ver que los que preparan café en Santiago y en La Coruña sólo rellenan el filtro con café, lo aplastan con una placa del mismo molino, colocan el filtro en la máquina, presionan un botón y dejan el agua correr hasta que llegué a la medida de la taza. Sea americano, sea café solo, sea un solo largo... sea lo que sea y tanto descuido, en lo personal, me irrita pero, con el tiempo y prestando atención, te das cuenta de que ésa es la forma en que se hace el café en estos lugares. Es como la gente aprendió, es el modus operandi que todos aprenden... Sorprende, ¿no? Siendo el café (con o sin leche) algo tan importante en el día a día del español, habiendo tantas cafeterías, tantas máquinas, tantas mezclas a la venta... Causa impacto para cualquier extranjero, creo yo, al menos de los provenientes al otro lado del Atlántico.
En fin, por esta razón dejé de prestar mucha atención en cómo se prepara el café; entre más me concentro en ello más me irrito y se arruina el punto, ¿saben? Pues, observaba a la chica preparando el café y mi sorpresa fue: colocó la taza, apagó la máquina a la onza y después añadió agua caliente de la máquina hasta un centímetro antes de tocar el borde. Es decir, lo hizo como se debe. No me lo creía. Cuando preparas un americano en una máquina de cafetería, eso es lo que se hace. Preguntas "suave, fuerte o regular", calculas la cantidad de onzas necesarias y al resto de la taza, añades agua caliente. De esta manera NO QUEMAS EL CAFÉ Y NO LO ARRUINAS. Cuando me entregó mi tacita para que yo la llevara a la mesa, le dije "tú sí sabes preparar el café, ¿verdad?"; se rió y me dijo: "bueno, me gusta prepararlo como a mí me gusta, como yo lo tomo". Esperen que esto merece un destaque:
Me gusta prepararlo como a mí me gusta, como yo lo tomo.
Ésa es la clave, ladies and gentlemen. Ésa es la clave.
Cuando haces algo con ganas, por mínimo que sea, se nota. El café estaba delicioso, y más con la idea de que esta chica de cabello corto bien estilizado estaba -tal vez sin pretenderlo- haciendo una diferencia. Está poniendo su granito de arena y sería bueno que todos empezáramos de una vez.
NOTA: Si alguien me puede recomendar un buen lugar para tomar café en Santiago, por favor que me lo diga en los comentarios. Me queda visitar el café Venezia donde fue premiado hace unos tres años el mejor barista de Galicia.
sábado, 30 de noviembre de 2013
Rutinas
6:45, ya es hora de levantarse. Alicia abre los ojos segura de que ése no es el día para otro "5 minutos más". Se dirige a la cocina sin importarle el frío que crece hacia sus pies como enredaderas; maldice a la puerta por no abrirse a su paso, recorre la cortina vieja de la cocina y alza las manos hacia el gabinete en búsqueda de su cafetera, pero todo sin ver. Su mente ya repasaba uno a uno y en desorden la lista de pendientes para el día. Desenrosca el depósito superior, lo llena con agua del grifo hasta la válvula y lo deja a la mano antes de buscar el bote del café. El móvil resuena la alarma de nuevo y Alicia corre para no despertar a los vecinos. Ya está. «La cama se ven tan atractiva...». Se manda de regreso a la cocina y alcanza el bote de café con diseños vintage de la torre Eiffel, la torre de Londres y la torre de Pisa. «Algún día...». Rellenó el filtro con su café de supermercado al 2x1 y enroscó de nuevo la parte superior de la máquina; dejó la cafetera a fuego lento y dio los tres pasos acostumbrados hacia el baño. Abrió el grifo y se lavó los sueños con agua tibia y jabón. Salió y dejó caer el café sobre la taza con dibujos de sombreros. «Música para mis oídos...».
Hizo a un lado la taza y se inclinó sobre la barra para alcanzar la gradación del molino. Con sólo ver el café saliendo del filtro, Sebastián ya sabía que aún le faltaba para obtener el buen espresso. «Parece agua...». Se apoyó sobre la barra para alcanzar el botón sin dejar de contar los treinta segundos de regla. Poco importaba mantener el tiempo pero tenía demasiadas mañas sobre los tiempos de cada cosa... Su paciencia era su segunda mejor virtud; la primera, la calidad de sus espressos cortados. Por eso era imperativo «que la máquina se ponga mona ¡de una buena vez!». Siguiente tanda, «sí se puede...» y el brebaje se deja caer con su suave majestuosidad dividiéndose en mellizos sobre sus onzas transparentes. Al fin olía bien, olía correcto. Sebastián contó los segundos sólo por costumbre, ya sabía que el café saldría a los 28 y que su mejor destino era un latté. Apuró el proceso y sometió la leche a la lanceta, vació uno de los shots en su taza y luego la leche...
¡Qué fusión de aromas! Casi tan perfecta como él... ¡Qué manera de oscilar las manos al compás de la música! Verlo tocar la guitarra era casi tan seductor como escucharlo, pero esas manos... no podían existir mejores, mucho menos las suyas, maltratadas entre quehaceres y deshaceres. Sus uñas parecían no crecer desde hacía meses; a Leonor le gustaba creer que se estaban guardando para tiempos mejores... Esas mañas tan horrendas: morderse las uñas y sus alrededores, dejar las costuras de los vestidos hasta la madrugada para poder soñar a su gusto. Cómo unas manos como aquellas podían atreverse a aspirar el tacto con esas tan virtuosas. Soñar con ello ya era una ridiculez por sí sola, nació de eso, pero sonreír por la esperanza era llegar a otro nivel. Era pura y vil locura desafiando a la frialdad de la cordura. Leonor desplazó los dedos para reproducir el siguiente video y se alejó por su segunda taza de café negro, más marrón que de sabor duro. No le apetecía nada pero ya daban las 12 y todavía le faltaba zurcir unos vaqueros que si hablaran, seguro se quejaban del desgraciado que dejara las bastillas hechas tirones. Preparó la cafetera de nuevo. "Nada de recalentados", le había enseñado su madre para combatir ese hábito de la pereza. El filtro de papel en el depósito de plástico y en éste dos cucharadas y media de café por cada taza de agua. ¿Cómo bebería él su café? ¿Con agua o con leche? Seguro que lo endulzaba antes de componer y ponerse a la guitarra... Sí, seguro que lo tomaba con leche y azúcar blanca. Mientras llenaba su taza volvió a mirar sus uñas... Algún día crecerían, algún día sus manos recobrarían su lindura y algún día lo conocería.
«¡Ay! Quema. Pero lo querías caliente, ¿verdad? Entonces, ¡no te quejes!». El frío no quería ceder por más que el café irritara su garganta. Le sabía a ceniza y estaba demasiado espeso. Don Viriato enjuagó su jarra de peltre y volvió a llenarla de agua; colocó el filtro de tela con el café y puso el fuego medio. Abrió la ventana de la cocina que daba al edificio de enfrente y dejó correr el agua del grifo sobre la única taza sucia, esperando con la boca abierta el momento oportuno. Sus grandes ojos verdes forzaban sus dotes para entrever más allá de la cortina de encaje. No demoraría... era lo habitual. Quizás debía subirle a la flama para que el aroma se dispersara con mayor rapidez. Se giró a la estufa y entonces lo escuchó. De nuevo el griterío, las excusas y los portazos, todos provenientes de la ventana con encaje. No se atrevió a mirar, sólo esperaba que el ruido de aquella vez no fuera tan doloroso como para mandar a la chica a la cama que, de seguro, estaba al otro lado del piso. El café perdería su sentido. Por unos minutos sólo se escuchaba el agua borboteando en sintonía con la llama; por unos minutos interminables Don Viriato no sabría qué decisión tomaría ella y eso le causaba un pavor que no por conocido perdía su fuerza. No se atrevía a mirar, ¿qué pasaría si lo descubría? Su ansiedad se incrementaba pero ¿qué hacer? No existía la confianza para preguntarle nada directamente, mucho menos pasar a su piso porque, además de tener dudas sobre la numeración, era evidente y totalmente inadecuado. «Viejo ridículo», se dijo justo a tiempo para reparar en que el café ya había rebasado el límite de la cafetera para desbordarse cual volcán sobre su cuerpo y parrilla. Un "¡mierda!" desató la frustración de Don Viriato. «Eso te pasa por ridículo»; limpió lo que pudo con el trapo maldiciéndose a sí mismo, al café, a la cafetera, al otro tipo y en especial al fuego por su mala suerte. Era tanto su enojo que la chica de la ventana con encaje prefirió no buscarle.
En su lugar, lanzó el móvil al sofá y marchó hasta el teléfono. Quince minutos después ya estaba en el café de enfrente esperando a sus amigas para ponerlas al tanto. Sacó el espejito del bolso. Para estar pasando por una crisis emocional importante, no se veía tan mal. Su maquillaje se mantenía en su sitio, su cabello brillaba más que nunca gracias al aceite de almendras que le habían recomendado en la estética, su pashmina ondulaba perfectamente alrededor de su largo cuello y hacía un juego increíble con sus labios Dior carmesí. Nadie pensaría que un ingenuo de la belleza y del amor acababa de terminarla, nadie intentaría adivinar por qué era ella quien esperaba a alguien y no era la esperada; y, principalmente, nadie se atrevería a juzgarla como una mujer sola. Lo que ella no imaginó es que a pesar de su belleza, de sus labios rojos, su maquillaje perfecto y su cabello brilloso, Sebastián deseaba, más que nunca, que se largara cuanto antes. Porque ya lo veía venir: el grupito de cinco niñas consentidas que sólo por solicitar una leche especial para cada bebida, eran las más inteligentes del café. Las chicas Splenda, les llamaba, porque eran incapaces de rebajarse a consumir un azúcar como el resto del populacho. Insufribles. ¡Ah! Y gritaban, hacían partícipes de sus novedades a todos los inocentes clientes y empleados que hubiesen tenido la osadía de querer cerrar la jornada con un café. En efecto, a los veinte minutos Sebastián recibió la orden de una mesera que le suplicó no volver a esa mesa: dos chai-latté en agua (¿entiendes la contradicción?), un té verde con miel, un café regular descafeinado y un capuccino sin espuma "pero que no sea latté".
Ni hablar. El barista apuró todo y llevó la orden a la mesa él mismo por hacerle un favor a su colega pero si volvía a escuchar "le dije a la chica que capuccino y no latté"... Treinta bebidas más tarde ambos empleados dejaban el café a oscuras. Él desapareció en los confines de la avenida y ella corrió a casa para no preocupar a su padre. Para su sorpresa, aún había luz en la cocina; su padre continuaba ahí, con su taza de mocca instantáneo en la mano helada, con sus grandes ojos humedeciéndose hacia la ventana iluminada del piso de enfrente. Pensó que sería el frío pero al no recibir respuesta a su saludo buscó el motivo de su angustia. Observaron una secuencia de sombras a través de una cortina de encaje, en que un hombre se acercaba a una mujer con el ordenador prendido y la máquina de coser enfrente, retiraba una taza hacia el lavabo, le daba un beso en la cabeza a la mujer encorvada sobre la mesa y desaparecía luego con ella por la puerta. La hija le dio un beso en la mejilla a su padre, le quitó la taza de las manos y lo condujo a su habitación. Volvió al silencio de la cocina; a pesar de la calma a su alrededor había demasiado ruido en su cabeza. Aquella chica lloriqueando sin llorar sobre su nuevo ex, aquellas palabras que en su boca eran veneno puro: "hay otra", "no debe ser la gran cosa", "hay mujeres que se conforman con lo que sea", "debe ser una muerta de hambre, así le gustan a él, debiluchas". «Si ella supiera...», se dijo; no se arrepentía, él parecía entender sus sueños, su presente, sus anhelos... Pero. Pero. Pero. Se recargó en el lavabo sintiéndose un verdadero fracaso. Se observó las manos, esas manos maltratadas a causa de su aprendizaje en la barra, más parecidas a las de su padre que a las bonitas manos de la chica Splenda. De repente perdió las ganas de dormir. Prendió el fuego, puso el café esperó el momento oportuno para tapar la italiana. Un líquido más oscuro que nunca se derramó con cuidado sobre el depósito, cual si se excusara por la intromisión. No burbujeó. Terminó de caer y se quedó muy quieto escuchando a su dueña rebuscar entre las tazas aquella mediana perfecta para las noches así. Una nueva música emergió, la leche liberándose de su caja para esperar paciente por la llegada de sus compañeros. El líquido oscuro cayó con alegría discreta en la taza y aguardó a que el polvoroso mascabado se uniera a la reunión. Pronto serían uno, pronto serían los mejores amigos con un objetivo y pronto su existencia cobraría un nuevo sentido.
¡Qué fusión de aromas! Casi tan perfecta como él... ¡Qué manera de oscilar las manos al compás de la música! Verlo tocar la guitarra era casi tan seductor como escucharlo, pero esas manos... no podían existir mejores, mucho menos las suyas, maltratadas entre quehaceres y deshaceres. Sus uñas parecían no crecer desde hacía meses; a Leonor le gustaba creer que se estaban guardando para tiempos mejores... Esas mañas tan horrendas: morderse las uñas y sus alrededores, dejar las costuras de los vestidos hasta la madrugada para poder soñar a su gusto. Cómo unas manos como aquellas podían atreverse a aspirar el tacto con esas tan virtuosas. Soñar con ello ya era una ridiculez por sí sola, nació de eso, pero sonreír por la esperanza era llegar a otro nivel. Era pura y vil locura desafiando a la frialdad de la cordura. Leonor desplazó los dedos para reproducir el siguiente video y se alejó por su segunda taza de café negro, más marrón que de sabor duro. No le apetecía nada pero ya daban las 12 y todavía le faltaba zurcir unos vaqueros que si hablaran, seguro se quejaban del desgraciado que dejara las bastillas hechas tirones. Preparó la cafetera de nuevo. "Nada de recalentados", le había enseñado su madre para combatir ese hábito de la pereza. El filtro de papel en el depósito de plástico y en éste dos cucharadas y media de café por cada taza de agua. ¿Cómo bebería él su café? ¿Con agua o con leche? Seguro que lo endulzaba antes de componer y ponerse a la guitarra... Sí, seguro que lo tomaba con leche y azúcar blanca. Mientras llenaba su taza volvió a mirar sus uñas... Algún día crecerían, algún día sus manos recobrarían su lindura y algún día lo conocería.
«¡Ay! Quema. Pero lo querías caliente, ¿verdad? Entonces, ¡no te quejes!». El frío no quería ceder por más que el café irritara su garganta. Le sabía a ceniza y estaba demasiado espeso. Don Viriato enjuagó su jarra de peltre y volvió a llenarla de agua; colocó el filtro de tela con el café y puso el fuego medio. Abrió la ventana de la cocina que daba al edificio de enfrente y dejó correr el agua del grifo sobre la única taza sucia, esperando con la boca abierta el momento oportuno. Sus grandes ojos verdes forzaban sus dotes para entrever más allá de la cortina de encaje. No demoraría... era lo habitual. Quizás debía subirle a la flama para que el aroma se dispersara con mayor rapidez. Se giró a la estufa y entonces lo escuchó. De nuevo el griterío, las excusas y los portazos, todos provenientes de la ventana con encaje. No se atrevió a mirar, sólo esperaba que el ruido de aquella vez no fuera tan doloroso como para mandar a la chica a la cama que, de seguro, estaba al otro lado del piso. El café perdería su sentido. Por unos minutos sólo se escuchaba el agua borboteando en sintonía con la llama; por unos minutos interminables Don Viriato no sabría qué decisión tomaría ella y eso le causaba un pavor que no por conocido perdía su fuerza. No se atrevía a mirar, ¿qué pasaría si lo descubría? Su ansiedad se incrementaba pero ¿qué hacer? No existía la confianza para preguntarle nada directamente, mucho menos pasar a su piso porque, además de tener dudas sobre la numeración, era evidente y totalmente inadecuado. «Viejo ridículo», se dijo justo a tiempo para reparar en que el café ya había rebasado el límite de la cafetera para desbordarse cual volcán sobre su cuerpo y parrilla. Un "¡mierda!" desató la frustración de Don Viriato. «Eso te pasa por ridículo»; limpió lo que pudo con el trapo maldiciéndose a sí mismo, al café, a la cafetera, al otro tipo y en especial al fuego por su mala suerte. Era tanto su enojo que la chica de la ventana con encaje prefirió no buscarle.
En su lugar, lanzó el móvil al sofá y marchó hasta el teléfono. Quince minutos después ya estaba en el café de enfrente esperando a sus amigas para ponerlas al tanto. Sacó el espejito del bolso. Para estar pasando por una crisis emocional importante, no se veía tan mal. Su maquillaje se mantenía en su sitio, su cabello brillaba más que nunca gracias al aceite de almendras que le habían recomendado en la estética, su pashmina ondulaba perfectamente alrededor de su largo cuello y hacía un juego increíble con sus labios Dior carmesí. Nadie pensaría que un ingenuo de la belleza y del amor acababa de terminarla, nadie intentaría adivinar por qué era ella quien esperaba a alguien y no era la esperada; y, principalmente, nadie se atrevería a juzgarla como una mujer sola. Lo que ella no imaginó es que a pesar de su belleza, de sus labios rojos, su maquillaje perfecto y su cabello brilloso, Sebastián deseaba, más que nunca, que se largara cuanto antes. Porque ya lo veía venir: el grupito de cinco niñas consentidas que sólo por solicitar una leche especial para cada bebida, eran las más inteligentes del café. Las chicas Splenda, les llamaba, porque eran incapaces de rebajarse a consumir un azúcar como el resto del populacho. Insufribles. ¡Ah! Y gritaban, hacían partícipes de sus novedades a todos los inocentes clientes y empleados que hubiesen tenido la osadía de querer cerrar la jornada con un café. En efecto, a los veinte minutos Sebastián recibió la orden de una mesera que le suplicó no volver a esa mesa: dos chai-latté en agua (¿entiendes la contradicción?), un té verde con miel, un café regular descafeinado y un capuccino sin espuma "pero que no sea latté".
Ni hablar. El barista apuró todo y llevó la orden a la mesa él mismo por hacerle un favor a su colega pero si volvía a escuchar "le dije a la chica que capuccino y no latté"... Treinta bebidas más tarde ambos empleados dejaban el café a oscuras. Él desapareció en los confines de la avenida y ella corrió a casa para no preocupar a su padre. Para su sorpresa, aún había luz en la cocina; su padre continuaba ahí, con su taza de mocca instantáneo en la mano helada, con sus grandes ojos humedeciéndose hacia la ventana iluminada del piso de enfrente. Pensó que sería el frío pero al no recibir respuesta a su saludo buscó el motivo de su angustia. Observaron una secuencia de sombras a través de una cortina de encaje, en que un hombre se acercaba a una mujer con el ordenador prendido y la máquina de coser enfrente, retiraba una taza hacia el lavabo, le daba un beso en la cabeza a la mujer encorvada sobre la mesa y desaparecía luego con ella por la puerta. La hija le dio un beso en la mejilla a su padre, le quitó la taza de las manos y lo condujo a su habitación. Volvió al silencio de la cocina; a pesar de la calma a su alrededor había demasiado ruido en su cabeza. Aquella chica lloriqueando sin llorar sobre su nuevo ex, aquellas palabras que en su boca eran veneno puro: "hay otra", "no debe ser la gran cosa", "hay mujeres que se conforman con lo que sea", "debe ser una muerta de hambre, así le gustan a él, debiluchas". «Si ella supiera...», se dijo; no se arrepentía, él parecía entender sus sueños, su presente, sus anhelos... Pero. Pero. Pero. Se recargó en el lavabo sintiéndose un verdadero fracaso. Se observó las manos, esas manos maltratadas a causa de su aprendizaje en la barra, más parecidas a las de su padre que a las bonitas manos de la chica Splenda. De repente perdió las ganas de dormir. Prendió el fuego, puso el café esperó el momento oportuno para tapar la italiana. Un líquido más oscuro que nunca se derramó con cuidado sobre el depósito, cual si se excusara por la intromisión. No burbujeó. Terminó de caer y se quedó muy quieto escuchando a su dueña rebuscar entre las tazas aquella mediana perfecta para las noches así. Una nueva música emergió, la leche liberándose de su caja para esperar paciente por la llegada de sus compañeros. El líquido oscuro cayó con alegría discreta en la taza y aguardó a que el polvoroso mascabado se uniera a la reunión. Pronto serían uno, pronto serían los mejores amigos con un objetivo y pronto su existencia cobraría un nuevo sentido.
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